Bienvenido al maravilloso mundo de los celos -pensó-. Por el precio de su entrada, obtiene un maldito dolor de cabeza, un deseo casi irresistible de cometer un homicidio. Y un complejo de inferioridad. ¡Viva!
Todos somos mortales hasta el primer beso y la segunda copa de vino.
Los días lluviosos siempre se van a contar entre mis preferidos, aunque estén salpicados por las baldosas flojas de las diagonales y sea completamente imposible encontrar un taxi libre en esta ciudad enorme. La lluvia borra la maldad y lava todas las heridas de tu alma, citando al majestuoso Luis Alberto. La lluvia es Artaud y mates. La lluvia es para pensar. Los días lluviosos se prestan para las más crudas y duras reflexiones. Para tomar la decisión de por fin hacer algo para cambiar eso que tanto molesta (la misma decisión que guardo al fondo de un cajón al otro día, cuando sale el sol). La lluvia me hace valiente .
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Suele pasarme.
Nada que ver.
Adoré.